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Pregúntele a cualquier persona cuánto pesa y le responde de inmediato. Pregúntele  cuánto tiene de presión arterial y lo más probable es que se quede pensando.


Esa diferencia explica buena parte de lo que pasa con la enfermedad cardiovascular en Colombia. No es que la información no exista. Es que casi nadie la tiene a la mano.

 

¿Por qué sentirse bien no dice nada del corazón?


Porque el corazón no avisa mientras se va dañando. Avisa cuando ya no puede más.


La hipertensión arterial es el ejemplo más claro. No duele, no cansa, no cambia nada en el día a día durante años. En el periodo 2025, la Cuenta de Alto Costo reportó 6.703.467 casos prevalentes de hipertensión en Colombia, con una edad promedio de 64 años. La  región Caribe concentró el 20,93 % de esos casos, la segunda proporción más alta del país.


Hay un segundo dato que completa el cuadro y que rara vez se cita. Entre las personas ya diagnosticadas y en seguimiento, el 64,90 % tenía la presión por debajo de 140/90  mmHg en su medición más reciente. O sea que el sistema, cuando alcanza a la persona, la controla en dos de cada tres casos.


El problema no está principalmente ahí. Está afuera: la Organización Mundial de la Salud  estima que cerca de la mitad de las personas con hipertensión en el mundo no sabe que la tiene. Por cada persona diagnosticada hay otra caminando con la presión alta y con la convicción tranquila de que está bien.


Sentirse bien es una sensación. Las cifras son un dato. Solo una de las dos sirve para tomar decisiones.

 

¿Cuáles son las cuatro cifras?

Son cuatro mediciones sencillas que, juntas, dan una fotografía razonable de su riesgo cardiovascular. Todas están disponibles en su lugar de atención de salud y ninguna requiere tecnología sofisticada.

  1. Presión arterial. El valor de referencia general en un adulto sano está por debajo de 130/80 mmHg. Una sola toma alta no es diagnóstico: se confirma con mediciones repetidas en días distintos.

  2. Colesterol LDL. Es el que se acumula en la pared de la arteria. La meta no es igual para todos: depende de su riesgo global, y por eso el valor que le sirve a su vecino puede no servirle a usted.

  3. Glucemia en ayunas. Por debajo de 100 mg/dL se considera normal. Entre 100 y 125 mg/dL hay una zona intermedia que muchos informes de laboratorio pasan de largo y que es, justamente, la ventana donde todavía se puede intervenir.

  4. Perímetro abdominal. Se mide con una cinta métrica a la altura del ombligo. En población latinoamericana se toman como umbrales de alerta 90 cm en hombres y 80 cm en mujeres. Es un marcador de grasa visceral, no una medida estética.

 

¿Cada cuánto conviene medirlas?

Depende de su edad y de sus antecedentes, y esa conversación es con su médico. Pero como punto de partida razonable: la presión arterial, al menos una vez al año desde los 18 años. El perfil lipídico y la glucemia, cada uno o dos años desde los 20 si no hay factores de riesgo, y con mayor frecuencia si hay antecedente familiar de infarto temprano, diabetes, tabaquismo o hipertensión.

Si en su familia hubo un infarto o un evento cerebrovascular antes de los 55 años en un hombre o de los 65 en una mujer, dígalo en la consulta. Ese antecedente cambia la frecuencia con la que hay que tamizarlo a usted.

 

¿Qué hacer con esto esta semana?

Tres pasos concretos.

Primero, revise si ya tiene alguna de estas cifras en un examen reciente. Muchas personas se las hicieron en un examen laboral y nunca leyeron el resultado.

Segundo, anótelas en un solo lugar: una nota en el celular sirve. Un valor aislado dice poco; la serie de tres años dice mucho.

Tercero, lleve esa nota a su próxima cita. Un médico que ve la evolución de sus cifras toma mejores decisiones que uno que ve una foto suelta del día.

El día que estos cuatro números se conviertan en algo que usted sabe de memoria, la conversación sobre su corazón deja de empezar en urgencias.